sábado, 30 de octubre de 2010

Tierra a la vista

Haces una parada en esta playa. Dejas la piragua varada en la arena, fuera del alcance de las olas. A poca distancia, playa arriba, se alza una caseta de hormigón gris. Te acercas. La abertura sin puerta deja ver tablas y velas de windsurf apiladas en orden. Te sobresaltas: en la penumbra del interior, un hombre vestido con un polo blanco del Ayuntamiento permanece en silencio. Le preguntas qué hora es para justificar tu curiosidad. Se encoge de hombros, exagerando una risa, mientras te enseña las muñecas desnudas. Sigues subiendo por la playa vacía, blanca, sucia de tierra. Avanzas hasta la línea de árboles. Te sientas sobre una roca entre la maleza. Dejas pasar el tiempo. Los minutos transcurren lentos. Te aburres. Seleccionas piedrecitas para tirarlas. Vigilas la piragua empequeñecida por la distancia. Espías la caseta imaginándote al hombre de dentro.

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